03 octubre 2009

Tomás


Tomás vive para la noche y muere el resto del dia, se acurruca al fondo de su bolsita polar, se hace bolita y ahí se olvida, como un cactus recién florecido, una belleza erizada de puas pequeñas y brillantes acariciando la oscuridad.

Cuando cae la tarde y las sombras se hacen más largas, Tomas se desenreda, se estira y se derrama sobre el suelo, abre lentamente sus ojitos azabaches, vivísimos, y observa atentamente cuanto le rodea. Eso sí, siempre que el silencio se lo permita, porque para cobarde a Tomás no hay quien le gane. Que si la luz está muy fuerte, que si la tierra tiembla, que si el caño gotea, que si algo huele extraño: cualquier tipo de ruido, olor o actividad sospechosa es motivo suficiente para que Tomasito no quiera salir y no hay quien lo haga cambiar de opinión, al menos por las buenas. Pero si nada lo espanta, lo primero que hace al levantarse es correr al bebedero para asearse. Allí se limpia los dientes, hace gargaras, escupe, se huele las axilas, el pubis, se peina las puas, ¿todo ok?, perfecto, y sale; un animalito muy pulcro este Tomás. Pero si siente que algo anda mal con su imagen, pues se devuelve a su bolsita y resuelve no salir hasta que todos se hayan ido, o hasta que él sienta que todos lo han olvidado y nadie más lo observa.

Tomas sabe que la noche no tiene nada que envidiarle al día. Sabe que el canto de las aves no es más canto que el de las cigarras que hacen danzar a la luna y sus estrellas; estrellas que para Tomás son como erizos en el firmamento, ángeles hechos a su imagen y semejanza que salen a dar vueltas alrededor de la luna, aprovechando la huida del sol. Tomás cree en la vida eterna. Nunca me lo ha dicho, pero lo deja entrever. Para él, el firmamento está plagado de erizos celestiales que lo cuidan de los peligros del mundo exterior. Lo noto cada vez que lo saco de su vidriera y lo deposito en el suelo. Ahí se queda inmovil, mirando a todos lados de reojo con sus globitos saltones. Prisionero del terror, se acuerda de la noche y mira al cielo consternado buscando sus estrellas, pero éstas no estan. Entonces recuerda que aún cuando no logre verlas ellas están siempre allí, mirándolo todo desde arriba, su actitud cambia, se encomienda al cuidado de sus ángeles protectores y sale a explorar. A veces lo saco a pasear al parque y lo dejo caminar sobre su cesped crecido, a veces también me escondo y Tomás me pierde de vista, se desespera y se imagina perdido en el corazon de un bosque olvidado, donde el tiempo dejó de pasar hace mucho y el silencio que añora no es más que un recuerdo vago. Entonces se envalentona, se santigua y se adentra en las entrañas de aquel monstruo verde. Algunas aves que sobrevuelan el lugar bajan a conocer al extraño visitante, siempre conservando prudente distancia atemorizados, sin dudarlo, de su armadura. Tomás les dice que no teman, que se acerquen, que sólo quiere ser su amigo, y les cuenta de su casa, de su bolsita, de sus estrellas y sus cigarras, de su bebedero y su ruedita. Luego les pregunta sobre ellos, sobre cómo es la vida afuera, y son las palomas más viejas quienes suelen contarle las historias más deslumbrantes que un erizo urbano podría escuchar. Así, mientras las palomas le narran sus historias y el sol acaricia su rostro, Tomas estira su barbilla sobre el cesped y deja volar su imaginación con ellas, siempre guardando preguntas para el final de los relatos, algunas de las cuales las palomas no saben responder, pero igual prometen traerle una respuesta para una próxima ocasión. Cuando el sol enrojece y llega la hora de partir, las palomas empiezan a despedirse, levantan vuelo y Tomás las ve alejarse desde su posición, batiendo la patita en señal de despedida. Cuando sus amigas no son más que un puntito en el horizonte, Tomás cierra los ojos y se imagina volando con ellas hasta la orilla más alejada de la mar, donde descansan las mismas viejas caracolas que desde siempre suelen contarles al oido a los viajeros que quieran oir, y sepan escuchar, las historias y leyendas de ultramar.

Abre los ojos, el vuelo le ha despertado el apetito, comienza a hurgar por comida bajo la suave hierba, encuentra un gusano, lo mira, lo huele, lo azuza, lo intimida, lo interroga con los ojos, ¿y tú a qué sabes? pareciera preguntarle, le da vueltas de un lado a otro con su patita, ¡No jueges con la comida! -le grita un pajarillo-, Tomás se averguenza, se sonroja, se arrocha, se encoge de hombros y pide disculpas al señor gusano, este las acepta, sonrie complacido y ¡plum! se lo traga de golpe, ahora sí, sin remordimientos. Da media vuelta y busca el camino de regreso a su hogar, sin prisas, sin temores, después de todo, la noche siempre encuentra su camino, y en este, Tomás siempre haya su lugar, ¿no mi querido scotchbrite?.

02 mayo 2009

23 abril 2009

Alhelí

Su nombre era Alheli y constituía para mi poesía en su estado más puro. Tan en alto la tenía yo que ni siquiera me atrevía a tener pensamientos oscuros con ella ¡así de alta la tenía!. Solia verla en clase de mate, historia y otras materias que no logro recordar. Cómo recordarlas si toda mi atención se iba con ella y la clase al carajo. Total, para eso estaban los amigos, los que copiaban todo clarito y me prestaban sus cuadernos para después.
Recuerdo que ella andaba con una amiga de facciones equinas, en serio; una chica altiva la verdad no sé de qué. Eso era lo único que no me gustaba de ella, que pudiera ser amiga de alguien tan odiosa. Pero ni modo, si quería llegar a Alheli debía ejercitarme en materias ecuestres, conocer algo de sus códigos y sus relinchos.Recuerdo que una vez pretendí hacerle conversa a la equina aprovechando que estaba conversando con otra chinche que sí conocia bien. Me paré al lado de las dos tratando de entrarle... uno, dos, tres minutos y nada. Seguían conversando sin darme cara, ignorándome peor que a niño de la calle vendiendo caramelos. Yo, estoicamente, seguía ahi pues, chinche también. Creo que mi presencia debió incomodar demasiado a la otra chinche porque volteó y mirándome con esa cara de 'qué cosa' que solia regalarle a uno de vez en cuando, me dijo, ¿si?, y yo, eh... ¿podrías prestarme tu cuaderno un ratito?, ¿qué no has ido a clases? -pregunta de lo más perenceja la que me hizo-, no pues llegue tarde, bueno a mi no me gusta prestar mi cuaderno sabes así que te lo doy para copiar aqui nomas. Ni modo, me lo dio de mala gana. Yo tratando de pasar piola, desviaba mentalmente a los globulos rojos que empezaban a parquearse en cada rincón de mi cara. Ya, avance, avance (tocando pito), circule, circule; ¡no entorpezca el tráfico, hombre!. Así, acercando mi mente a cualquier desvarío que me alejara del bochorno, tomé su cuaderno y di una hojeada a sus notas: nada, nada, nada y nada. Creo que hasta el más monse de mis conocidos tomaba mejores apuntes que esta tía, ni qué decir de las cucarachitas apiladas que me recordaban su letra. Hice como si leyera y tomara algunas notas, luego le devolví su palimpsesto, le di las gracias y me borré. La equina ni vista me dio. Creo que sabía de lo mío.
Unas semanas después la chinche me preguntó en una fiesta, cuando estaba medio ebria, si creía que era sobrada. Con una sonrisa maliciosa le dije que sí y casi se pone a llorar. Me soltó todo un rollo sobre su tortuosa vida, su pasado con Luis Arturo a quien yo conocía y otras cosas más. La escuche por lástima porque todos la habian dejado sola, decidí no molerla a palos; virtualmente, claro. Aunque viéndolo en retrospectiva creo que debí haberla agarrado, mínimo, como piñata. Pero bueno... ya me estoy alejando mucho de Alheli y mejor vuelvo con ella que nunca le gustó que la dejara sola.
Recuerdo la primera vez que la vi. Eran los primeros días del verano y yo estaba sentado en las losas de cemento que colgaban verticales de las paredes afuera del salón. Ella llegó con una cafarena azul cargando una maleta casi incorpórea, una especie de jaula rectangular en la cual paseaba sus libros y cuadernos como si estos fueran pajaros ornamentales, o quien sabe para ella, fieras que prefería mantener encerradas pa'que no muerdan. Con todas, la cosa es que esa belleza llegó, depositó su jaulita a sus pies y fue ahí, cuando se incorporaba, que levantó la mirada y ¡boom!, ¡flechazo!. ¡Ay, diosito!, juro que en ese momento creí haber descubierto el amor porque dije ¡diosito lindo, ahora sí te lo juro de verdacita, preséntame a esa belleza para poder morir tranquilo!. Y a dios debio haberle hecho mucha gracia mi pedido porque ese pedazo de chica me mostro los dientes diciendo hola, y yo dije hola, y ahora qué más le decía, y ella que me queda mirando como esperando que yo diga algo, y rayos que no se me ocurre qué decirle, que tampoco quiero decirle cualquier disparate, y ella que me hace oyitos y recoge su maleta y me dice nos vemos y el alma que me vuelve justo a tiempo para responderle ok nos vemos luego, y el corazón que se me quería saltar del pecho va bajando el paso mientras Alheli va entrando al salon. Y yo diciendo gracias, diosito, gracias, hoy creo en ti, tomé mi maleta y me fui tras ella.

23 marzo 2009

Sue


Su primer amor fue su espejo
Su segundo amor fue su reflejo en el espejo
Su tercer amor fue pasajero

Ahora sonríe.

10 marzo 2009

Sobre unos poemas de don Jorge

El silencio no puede seguir siendo mi lenguaje, aunque siempre me acompañe; como tu sombra caminando por mi cuarto, como tu silueta tendida junto a mí, la luna llena te recuerda y me hace recordarte. Pero qué va, tu voz fue sólo el eco de unas flores. No estás aquí y afuera llueven gotas de tus besos, de labios mojados a mediados de febrero, de pupilas dilatadas como el timbre de tu voz.

Me despido de unos ángeles sin decir sus nombres. No los recuerdo y ya tuve suficiente de su ambrosía. De sus preguntas sin respuesta, de sus secretos imposibles de guardar. Un gesto puede rehacerlo todo, me han dicho y quiero creerles. Entonces juego a esperar tu rostro dibujarse en mi ventana, lejos de este lugar y de su tiempo. La niebla se congela en tus pupilas y vuelvo a encontrarte en una estación cuyo nombre no recuerdo. Decido no pronunciar las palabras que jamás se sucedieron. Decido regresar sobre mis pasos y contenerlas en silencio. Decido deshacer todo lo dicho y todo lo hecho. Decido desatar este nudo que siempre me conduce a ti y a nada.

Decido tu olvido.

07 enero 2009

Infección

Odio mi calle, porque nunca se rebela a la vacuidad de los seres que pasan por ella. Odio los buses que cargan esperanzas con la muchacha de al lado, esperanzas como aquellas que se frustran en toda hora y en todas partes, buses que hacen pecar con los absurdos pensamientos, por eso, también detesto esos pensamientos: los míos, los de ella, pensamientos que recorren todo lo que saben vulnerable y no se cansan. Odio mis pasos, con su acostumbrada misión de ir siempre con rumbo fijo, pero maldiciendo tal obligación. Odio a Cali, una ciudad que espera, pero que no le abre las puertas a los desesperados.

Sí, odio a Cali, una ciudad con unos habitantes que caminan y caminan… y piensan en todo, y no saben si son felices, no pueden asegurarlo. Odio a mi cuerpo y mi alma, dos cosas importantes, rebeldes a los cuidados y normas de la maldita sociedad. Odio mi pelo, un pelo cansado de atenciones estúpidas, un pelo que puede originar las mil y una importancias en las fuentes de soda. Odio la fachada de mi casa, por estar mirando siempre con envidia a la de la casa del frente. Odio a los muchachitos que juegan fútbol en las calles, y que con crueldades y su balón mal inflado tratan de olvidar que tienen que luchar con todas sus fuerzas para defender su inocencia. Sí, odio a los culicagados que cierran los ojos a la angustia de más tarde, la que nunca se cansan de atormentar todo lo que encuentra… para seguir otra vez así: con todo nuevamente, agarrando todo, todo ! Odio a mis vecinos quienes creen encontrar en un cansado saludo mío el futuro de la patria. Odio todo lo que tengo de cielo para mirar, sí, todo lo que alcanzo, porque nunca he podido encontrar en él la parte exacta donde habita Dios.

Odio a mis amigos… uno por uno. Unas personas que nunca han tratado de imitar mi angustia. Personas que creen vivir felices, y lo peor de todo es que yo nunca puedo pensar así. Odio a mis amigas, por tener entre ellas tanta mayoría de indiferencia. Las odio cuando acaban de bailar y se burlan de su pareja, las odio cuando tratan de aparentar el sentimiento inverso al que realmente sienten. Las odio cuando no tratan de pensar en estar mañana conmigo, en la misma hora y en la misma cama. Odio a mis amigas, porque su pelo es casi tan artificial como sus pensamientos, o porque todavía no he conocida ninguna de 15 años que valga la pena para algo inmaterial. Las odio porque creen encontrar en mí el tónico ideal para quitar complejos, pero no saben que yo los tengo en cantidades mayores que los de ellas… por montones. Las odio, y por eso no se lo dejo de hacer porque las quiero y aún no he aprendido a amarles.

¿Es que sabes una cosa? Yo me siento que no pertenezco a este ambiente, a esta falsedad, a esta hipocresía. Y ¿Qué hago? No he nacido en esta clase social, por eso es que te digo que no es fácil salirme de ella. Mi familia está integrada en esta clase social que yo combato, ¿Qué hago? Sí, yo he tragado, he cagado este ambiente durante quince años, y, por Dios, ahora casi no puedo salirme de él. Dices que por qué vivo yo todo angustiado y pesimista? ¿Te parece poco estar toda la vida rodeado de amistades, pero no encontrar siquiera una que se parezca a mí? No sé que voy a poder hacer. Pero a pesar de todo, la gloria está al final del camino, si no importa.
La odio a ella por no haber podido vencer a su propia conciencia y a sus falsas libertades. La odio porque me demostró demasiado rápido que me quería y me deseaba, pero después no supo responder a estas demostraciones. La odio porque no las supo demostrar, pero ese día se fue cargando con ellas para su cama. Yo la quiero muchacha estúpida, ¿no se da cuenta? Pero apartándonos de eso la odio porque me originó un problema el berraco y porque siempre se iban con mis palabras, con mis gestos y mis caricias, con todo… otra vez para su cama. Pero, tal vez, para nosotros exista otra gloria al final del camino, si es que todavía nos queda un camino… quién sabe…

Odio a todas las putas por andar vendiendo añoraciones falsas en todas sus casas y calles. Odio las misas mal oídas… Odio todas las mías. Me odio, por no saber encontrar mi misión verdadera. Por eso me odio… y a ustedes ¿les importa?
Sí, odio todo esto, todo eso, todo. Y la odio porque lucho por conseguirla, unas veces puedo vencer, otras no. Por eso la odio, porque lucho por su compañía. La odio porque odiar es querer y aprender a amar. ¿Me entienden?. La odio, porque no he aprendido a amar y necesito de eso.

Por eso odio a todo el mundo, no dejo de odiar a nadie, a nada…
A nada
A nadie
Sin excepción!

(De Infección, Andrés Caicedo)

17 diciembre 2008

Liria

¿Recuerdas cuando éramos niños y la oscuridad era lo único que nos cautivaba? Tú encerraste al sol en tu mirada para que su brillo no me cegase y lo alejaste. ¿Recuerdas la fiesta en que me odiaste? Sí, lo sé, fui un bobo, querida. Aún recuerdo tus llamadas trasnochadas:
-¡Eres un huevón! –me decías- ¡por qué tuviste que hacer eso! -y yo, no sé.
El tiempo nunca jugó justo con nosotros, mi dulce Liria. O quizás lo hizo, pero estábamos tan acostumbrados a la noche que no supimos reconocer sus señales en medio del día. Ahora que estás del otro lado del océano, lo siento.
Extraño tus vuelos nocturnos al ras del suelo, pues aunque alas tenías, solías marearte en las alturas. Y ahora que has plegado tus alas en el cielo, ahora que te sabes sin límites y no alcanzo a distinguir tu aleteo en el horizonte, se hace más grande mi nostalgia.

Nostalgia, quizás sea eso lo más grande que tenemos, quizás sea lo único capaz de hacerle contrapeso a nuestros sueños, mi querida Liria. Pues hay nostalgias que se llaman sueños y sueños salpicados de nostalgia, como aves perdidas en medio de la noche y lechuzas confundidas en medio de la tarde. Aunque pocas, como tú, se saben admiradas bajo el brillo de esa estrella medianera, aquella luz que supiste guardarme tras tus ojos para que atardeciera siempre en tu mirada.

16 diciembre 2008

Mariella

Ella nunca traicionó su palabra. Tomó su varita mágica y se desvaneció en el aire. Instantes antes me había pedido que le tomara una fotografía, después me había dicho al oído: Esta imagen prueba que existo; esta noche, al menos, existo. No sé mañana, pero esta noche soy. No lo que quiero, ni lo que espero, ni siquiera lo que quieres de mí. Esta noche simplemente SOY.
He decidido dejar atrás este mundo intoxicado No fumaré más de esos cigarrillos sin filtro que ustedes suelen lanzar. No beberé más alcohol. No viviré más la noche mientras ésta acorte mis días. Porque no. Porque la noche agota mis recuerdos y sin estos pierdo lucidez… aquella facultad que necesito para poder sobrevivir.
La noche me envejece, ¿sabes?… y no de esa manera, sino de otra; aquella más profunda que también te hace partir.
Adios.

06 diciembre 2008

Angelitos empantanados

Me encontré un ángel (otro).

03 diciembre 2008

Plug'n'play


Domingo por la tarde en casa de Alberto. Mientras conectamos los equipos, abrimos un par de cervezas... como para ir calentando. Ricardo marca el tiempo y arranca, lo seguimos sin pensarlo. La música tiene su propio lenguaje, casi nunca decidimos qué vamos a tocar, simplemente tocamos y las cosas van saliendo. Este pasaje me gusta porque es clásico: un inicio algo desordenado, cada quien va probando sus notas, se experimenta, se equivoca, y la música va saliendo.
Guitarra: Alberto, Bajo: Véler, Batería: Ricardo.
Nota: Alberto me dijo hace un tiempo que porque había elegido esta pista horrorosa si tenemos varias buenas. Pucha, no sé, simplemente me gustó el ambiente de ensayo, prueba y error que transmitia, más que la calidad musical. Para la próxima...

18 noviembre 2008

Arte poética

Lo que quiero decir
Es que no tengo nada que decir
Que todo lo que digo
Lo digo solamente
Solamente lo digo
Sin decir nada
Que mis palabras son fragmentos
Balbuceos de una frase oscura
Migajas de una vieja historia
Repleta de personajes
De señores y señoras que pasean
Bajo grandes cielos mudos
Sin saber que su sonrisa
Sus vestidos y sus huesos
Paseaban tranquilamente
Hace millares de años
Y seguirán paseando todavía
Millares de años mas.
Fragmentos
De una catástrofe celeste
De un insondable estornudo
Tan parecido al amor
Y hasta a la misma muerte
Que no distingue la arcilla
De la nada y nos sorprende cada día
Amarrados a una cama o una silla
Bajo la misma luz miserable
El mismo desolado torbellino
Como el balbuceo de una frase oscura
Y sin embargo centelleante
Que todo lo dice claramente
Sin decir nunca nada.

(De Arte Poética, Jorge E. Eielson)

30 setiembre 2008

Agradecimiento

Baste con decir que el viernes 26 ella partió hacia otras orillas a disfrutar de nuevos atardeceres. Desde aquí, mis gracias para todos los amigos que nos acompañaron.

21 setiembre 2008

Matices

Mi mamá vive enchufada a un respirador / Mi papá vive enchufado a un televisor / Mi hermano vive desenchufado / Por eso me refugio en la palabra que no hiere / la que libera sin promesa, siempre.

Cuando escribí este sonsonete hace algún tiempo, lo hice riendo sin reír en serio -porque la risa también es algo serio cuando no viene impostada de ironías ni sarcasmos-, como un simple ejercicio de liberación de culpas, de expulsión de estigmas o qué se yo. Hubiera preferido escurrirme las penas como perro que se sacude el agua del pelaje de un solo sacudón, pero no soy así de peludo. Entonces, sólo me quedó la palabra para distraer al niño asustado que se sabía solo en medio de la habitación oscura y luchaba por borrar de su mente a los demonios invisibles que lo acechaban desde allí. Palabras color tristeza para iluminar tenuemente su sonrisa.

Mechita me dijo hace unos días que me soñó llorando y que me contaba de su sueño empezando la mañana para que éste no se cumpliera -creencias de su parte bruja-.

Mi mamá está tendida en su cama, llorando, balbuceando. Acerco mi oído y trato de entender las cosas que me dice, que creo me dice, a mi o a otro alguien en la habitación. Oigo, entiendo. Está rezando, pidiendo perdón aunque no sabe porqué tiene que pedirlo -ni ella, ni nadie-. Dolor es lo único que siente desde hace tanto y no sabe la razón; nadie la sabe. Pide algo. Me pregunto si el cielo también tiene silencios negativos.

Me acuerdo del sueño de Mechita.

Tú eliges el lugar de la herida
en donde hablamos nuestro silencio.

A.P.

19 agosto 2008

Pink Tomate

6:00 a.m.

Llega Amarilla de una fiesta y me dice oye Pink cómo vas? y yo le contesto bien, todo va bien. Salvo mi corazón, todo va bien. Amarilla tiene el pelo revuelto, me acaricia y yo le doy un arañazo en una nalga, como para no perder la costumbre. Amarilla se dirige a la cocina y se prepara un café, mira por la ventana, se acaricia el pelo y me dice que la vaina está jodida y yo pienso que en verdad todo está jodido. Los árboles están jodidos, las calles están jodidas, el cielo está jodido. Las palomas están jodidas. Mierda. Yo también estoy jodido. Me dan ganas de ahogarme en salsa de tomate.

7:00 a.m.

Rojo o tal vez azul. No sé. El sofá donde está sentada tiene tal vez esos dos colores. Amarilla se fuma un cigarrillo. Se lo fuma sin afán. El humo azul de su cigarrillo me envuelve. Amarilla me lo echa directo a los bigotes. Amarilla se arregla las uñas y me corta uno de los bigotes. Puta mierda. Siempre hace lo mismo cuando está deprimida. Luego subimos a la azotea y Amarilla abre los brazos, respira y me dice que la mañana está perfecta para suicidarse. Entonces me agarra y me lanza a otra azotea que queda más abajo y yo doy vueltas y vueltas y por mis ojos pasan el cielo azul, los edificios, las nubes, el sol, las ventanas, los ruidos y finalmente caigo parado en la otra azotea en medio de un poco de ropa extendida y digo, mierda, esta Amarilla es cosa seria. Subo hasta donde está Amarilla y me acurruncho entre sus piernas y pienso, mierda qué rico. Me arrepiento de haber pensado en ahogarme en salsa de tomate.

(Opio en las nubes, Rafael Chaparro)

15 agosto 2008

Rollos de Maricarmen

Todo el mundo iba allí, el mundo por allí pasaba. El de conciencia social tenía que atravesar el sector bajando la mirada, yendo a hundirse en sus libros y a la cama temprano. Ellos, en ese como dulce y permanente movimiento de moscas, envolvían y polarizaban cualquier ofensa. Algunos, los más inquietos, les reprochaban su falta de talento para apreciar la noche, para tomársela, como decíamos, lo que significaba entonces que eran viejos, y otros, aún inteligentes, no salían de la certeza de que cuando llegara la hora de avaluar esa época, ellos, los drogos, iban a ser los testigos, los con derecho al habla, no los otros, los que pensaban parejo y de la vida no sabían nada, para no hablar del intelectual que se permitía noches de alcohol y cocaína hasta la papa en la boca, el vómito y el color verde, como si se tratara de una licencia poética, la sílaba no gramatical, necesaria para pulir un verso. No, nosotros éramos imposibles de ignorar, la ola última, la más intensa, la que lleva del bulto bordeando la noche. Cuando llegó fue mágica. El repentino fuego de los autos, las montañas a morado, la música de palmoteos y saltos y chillidos que entonaron los muchachos, yo sonreí y mis dientes y los de Mariángela se vieron brillantes en la nueva oscuridad, con fuerza de marfil, como para no cariarse ni acabarse nunca: digo, no es un proceso corriente tener que acostumbrarse a una noche que siempre llega así, siempre excepcional. Tal costumbre tiene que implicar locura. Por eso somos como somos.

(Que viva la música, Andrés Caicedo)

01 agosto 2008

Escribo

Mentiría si dijera que no escribo para ti, aunque no seas tú mi único motivo. Ni el primario en realidad. Escribo para todos los ángeles que han sabido alumbrar mi camino en sus tramos diversos; los que me enseñaron a perder el rumbo y a evadir las rutas de salida, a confundir la noche con el día, a no saber morir. Escribo para los amigos desconocidos que encontré en bares desconocidos, a los prófugos y a los cautivos, a las botellas vacías, al lenguaje universal de la noche. Escribo para los amores olvidados que buscan ser reivindicados, para los rostros transparentes que iluminaron mi sonrisa transparente, para aquellos que jamás volveré a ver. Escribo para una chica que caminó conmigo una tarde de otoño vestida de verano. Para perpetuar en mi memoria los momentos que dijimos, las distancias que acortamos, los silencios que callamos. Y escojo esta forma fragmentada como mi alma hecha de retazos de papel y nicotina; cruda amalgama que intenta dar sustento a las formas de tu ausencia y de la mía en estos días de apertura y desolvido.

29 julio 2008

Adali Montero



Este video lo grabé el pasado viernes 18 en El Directorio: Jr. Carabaya 937-939, Plaza San Martín, Centro de Lima. Al día siguiente tenía clases a las 9am. Y tenía que presentar un trabajo que, demonios, no había terminado (estaba verde). Pero poco me importaba. Esa noche la había reservado para escuchar a esta mujer.

28 julio 2008

Lo que me complace

No me preguntes nada de tus ciencias formales, erudita, porque nada sé. Pregúntame si quieres del vacío de la noche o de la lluvia que todo lo limpia. De las aceras mojadas camino de mi casa, de mis mañanas con sabor a naranja o del silencio que alberga mi alcoba cuando el sol se desangra. Pregúntame del camino del sol sobre las aguas de los ríos, de mis huellas extraviadas, de tus linderos prohibidos. De mi melancolía y su tibia soledad. Pero no me lances tus preguntas sin respuesta. Ni me confíes tus secretos imposibles de guardar, porque los guardaré; y eso me pesa. De verdad, me parte el alma. Mejor pregúntame de la noche y su silencio. De la tarde haciéndose vieja o de tu sombra crecida al ocaso del día. De la tristeza que marchita por momentos la alegría. De la belleza del dolor. Pregúntame por el sabor de sus mejillas, por el silencio en su mirada, por el lenguaje secreto de sus besos o el aroma del café por la mañana. Pregúntame de la luna y su cuarto creciente, del murmullo de sus bosques cada día más lejanos, de sus pechos de naranja, de sus labios meridianos. Pregúntame por el instante pleno de la tarde, por la sonrisa precisa que cura y alivia, por la poesía que no precisa de palabras, como cuando ríes y sé que de algo me hablas. Pregúntame por las cosas que no saben morir y te mostraré lo irrisorio de tus certezas absolutas, lo fútil de tus prisas cotidianas, la miopía de tus teorías prospectivas, el despropósito de tu eterna competencia. Pregúntame de esas cosas y, de las demás, lo que te plazca; pero no me preguntes nada de tus ciencias formales, sólo eso te pido. No me complace ese, tu saber.

29 junio 2008

Momentos




I

Callas…
Algo me dices.
El tiempo se curva
en tu silencio, vorágine.
Atrapa tu voz
Y la luz busca refugio
en la palabra
que no hiere.

II

Yo conozco de ti
el verbo esquivo.
La manera traviesa
que tus besos,
tienen de la mar
(ese perfecto vaivén)

Tú conoces de mí
eco y sombra.
Luz difusa de silencio
que ata al verbo,
sin destello,
ni nostalgia.

Por eso digo, corazón,
que te amé sin reserva
y con el alma;
no con la razón.

III

Disculparás, mi ángel,
si la noche, del silencio,
no supo guardarte
la palabra esquiva;
el verbo sereno,
de la lluvia de mayo.

Pero el temblor
de tus cantos cerezos,
la luz que acompaña
a sus estaciones (todas)
La manera traviesa
que tus besos
tienen de la mar
-te lo he dicho-
Te suelen delatar.



Imágen: José Antonio Bao

17 junio 2008

Desde mi ventana

En Santa Cruz,
Un rebaño de autos
Pasta la mañana
Las aves imitan
El canto de los Ipod
Y los claxon graznan
Infames melodías
Una ardilla cruza el cielo
De la avenida, oculta
Entre cables de alumbrado
El viento barre las hojas
Que manchan el paisaje
Y la hierba del otoño me recuerda...
Que aún sigo aquí

'tamare.

09 junio 2008

Colores

-Oye, ¿te has cuadrado por la esquina o en la mañana saludé a un extraño? -me dice Susana.
-Ah, fuistes tú -respondo.
-Sí, pues, y tú ni caso. ¡Sobrado! -se ríe.
-Na' que ver. Lo que pasa es que en esa zona se cuadran todos los autos de Santander y pensé que estaban confundiendo mi auto con otro parecido, y que la chica que me pasaba la voz me confundía con alguien más; así que solo atiné a reírme y quitarme -le digo, obviando comentarle que mientras caminaba hacia la oficina pensé que podía haberme vacilado un rato saludando a la flaquita desconocida de manera muy efusiva, con la mejor sonrisa que encontrara en mis bolsillos, dándole a entender que no tenía la más remota idea de quien era, pero que le agradecía el gesto deseándole un buen día. Claro que después de pensarlo un rato dije naaaa', no vaya ser que me la cruce más tarde en la cafetería y le diga a sus amigas: ahí va el loco del parqueo... y que roche, pues.
-Oye, bacán tu carro rojo, ah -me dice mientras se marcha. No me da tiempo de responderle.
Me quedo pensando. O ambos hemos saludado extraños que se nos parecen o yo soy medio daltónico... porque mi auto, que sepa, es gris. Quizás eso explique en parte porque, en ocasiones, sólo veo grises donde los demás creen ver colores... aunque no explicaría porque suelo ver colores donde otros ven solo gris.

07 junio 2008

Los Chicos



No sé porqué, pero tenía ganas de postear esta canción. Bueno, en realidad sí lo sé; va para los amigos.

06 junio 2008

A ti que andas buscando

El canto del alba
te dará la respuesta
belleza nictálope
No la noche
ni la luna
ni la estrella
ni la mar
Sólo la mañana
silenciosa
Como la arena
que te sueña
A través de la lluvia
Del tiempo
De tu andar

04 junio 2008

Kid

Mi bólido está puerco, sólo le falta decir ¡oink!. Camina mugriento bajo el sol y la lluvia de la avenida el Golf buscando confundirse entre la gente. El agua intenta acariciar su triste cutis, pero es inútil. A Kid lo cubre una férrea costra de polvo protector -como él suele llamarla-. Kid detesta el agua, detesta que lo limpie, detesta que lo limpien. Dice sentirse manoseado y ultrajado: a mi me llega. Yo me hago el loco y lo mando a lavar con Marisol. Prefiero que una mujer se encargue del trabajo sucio. Ella hace su mejor esfuerzo, pero no hay peeling ni pulidor que pueda componer su descolorida fachada -me ha dicho-. Kid tiene el rostro manchado, tiene vitilego, tiene psoriasis, tiene vergüenza. El resto de autos lo observa con desconfianza, algunos lo señalan con la llanta y ríen, otros lo observan de reojo y guardan su distancia, no vaya ser que Kid sea un resentido social y los ataque por su buena suerte, por su gesto adusto, por lucir ese juego de aros niquelados que tantos otros desean. Kid quiere ir al salón de belleza, es un dandi y no lo culpo, es algo innato a su especie. Quiere lucir como nuevo porque se siente nuevo. Yo le he dicho que eso no es posible, no porque su sentir no pueda no ser auténtico, sino porque los autos no sienten: los autos no tienen alma -le he dicho-. El me queda mirando, parece pensarlo, duda... ¡existe!... pero intuye que eso no ha de ser suficiente, que quizás le falta algo que los demás tampoco tienen... aunque no sabe qué es.

30 mayo 2008

Puzzle

Son las piezas que sobran,
las que me interesan;
No las que completan el cuadro
,
sino las que no encajan...
Las que deciden su camino,
y su lugar.

28 mayo 2008

No hay momento perfecto

Cuando el momento pierde su sentido
todo deja de ser importante,
hasta el crepúsculo de esa voz
que nos cubría del sol de la tarde
y llenaba sus silencios
amargos, como la noche
sin estrellas, de sonrisas.
Un jardín se descuelga
de la copa de un árbol
Ven -me dice.
Acuéstate conmigo
beberemos y cantaremos
historias imposibles
hasta olvidar nuestros nombres
Que la memoria de los árboles
y las nubes, sean una
con nosotros, aprenderemos
su lenguaje secreto
y escribiremos nuestros alias
en el vuelo de las garzas
Podremos ser felices.

08 mayo 2008

Pink Tomate



Soy Pink Tomate, el gato de Amarilla. A veces no sé si soy tomate o gato. En todo caso a veces me parece que soy un gato que le gustan los tomates o más bien un tomate con cara de gato. O algo así. Me gusta el olor del Vodka con las flores. Me gusta ese olor en las mañanas cuando Amarilla llega de una fiesta llena de sudores y humos y me dice hola Pink y yo me digo, mierda esta Amarilla es cosa seria, nunca duerme, nunca come, nunca descansa, qué vaina, qué cosa tan seria. Claro que a veces me desespera cuando llega con la noche entre sus manos, con la desesperación en su boca y entonces se sienta en el sofá, me riega un poco de ceniza de cigarrillo en el pelo, qué cosa tan seria, y empieza a cantar alguna canción triste, algo así como I want a trip trip trip como para poder resistir la mañana o para terminar de joderla trip trip trip. Mierda, los días con Amarilla son algo serio. Voy a intentar hacer un horario de esos días llenos de sol, esos días un poco rotos, raros, llenos de humo, un poco llenos de café negro. Voy a hablar en presente porque para nosotros los gatos no existe el pasado. O bueno sí existe, lo que pasa es que lo ignoramos. En cuanto al futuro nos parece que es pura y física mierda. Sólo existe el presente y punto. El presente es ya, es un techo, una calle, una lata de cerveza vacía, es la lluvia que cae en la noche, es un avíón que pasa y hace vibrar las flores que Amarilla ha puesto en el florero, el presente es el cielo azul, es una gata a la que le digo eres cosa seria y ella me responde sí, soy cosa seria, mierda, el presente es un poco de whisky con flores, es esa canción con café negro, es ese ritmo con olor a tomate, ocho de la mañana, techos grises, teticas con pecas, nada que hacer I want a trip trip trip mierda que cosa tan seria.

(Opio en la nubes, Rafael Chaparro)

08 abril 2008

Botella al mar

Y tú quieres oír, tú quieres entender. Y yo
te digo: olvida lo que oyes, lees o escribes.
Lo que escribo no es para ti, ni para mí, ni
para los iniciados. Es para la niña que nadie
saca a bailar, es para los hermanos que
afrontan la borrachera y a quienes desdeñan
los que se creen santos, profetas o poderosos.

Jorge Teillier

23 marzo 2008

Un año y medio después

Y esto lo escribí uno de esos otoños en primavera que vale la pena redimir...

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos
He vivido tanto que ya no puedo regresar
He sentido el frío más intenso de mi vida
He tocado el cielo y aún no aprendo a caminar

Te he buscado entre las sombras
he dibujado tu rostro en mi imaginación
te he soñado vestida de mil formas
y te he desvestido en más de una ocasión

Comí de tus manos y lo hice sin engaños
porque te quiero, porque te amo
porque a veces te odio y luego te extraño
porque no te tengo y no te hallo
porque no te siento y lo siento
porque estoy y no soy lo que quiero
sino tan solo lo que puedo ser
porque siento que no vivo y tan solo sobrevivo
a este absurdo estar sin ser
que es la vida
y su capricho.

Octubre, 1996

21 marzo 2008

Escrito a solas

Esto lo escribí hace algunos años y en su momento me gustó lo suficiente como para adecuar el primer verso al coro de una canción que nunca llegué a grabar: Sandra.

¿Quieres saber tú de mi vida,

oír de mis penas y alegrías?
¿Quieres saber tú de mis pasos,
de mis aciertos y fracasos?
¿Quieres saber de mis temores,
de mi soledad, de mis amores?

¿Quieres saber tú de mi vida?
Pues mi vida es un erial
un agujero lóbrego y profundo
bajo un mar de soledad

Soy la suerte de un soldado
que camina entre la niebla
Un fantasma enmascarado
El ocaso de una estrella

Soy un rayo de luz
que se pierde entre tus sombras
Un hombre encarcelado
asfixiándose en su tundra

Soy lo que soy
soy lo que espero
y así como el silencio
soy algo pasajero

Soy el eco de tus pasos
soy la huella del rocío
soy lo que soy
soy lo que escribo

Junio, 1995

12 marzo 2008

Cade la pioggia



Algún día, amor
cuando el tiempo deje de ser
entenderás que no fuiste tú, ni fui yo
ni siquiera que fuimos los dos
quienes armamos este enredo
que tu dios, que también fue el mío
estuvo jugando con nosotros
sólo eso
y la lluvia
y nada más